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Si te preguntas “¿mi hijo necesita terapia infantil?”, no estás solo/a. Muchos padres enfrentan dudas al notar cambios en el comportamiento, emociones o desarrollo de sus pequeños. La terapia infantil puede ser una herramienta valiosa, pero primero es crucial identificar las señales que indican cuándo buscar ayuda profesional. En este artículo, exploraremos indicadores clave y cómo actuar para apoyar el bienestar emocional de tu hijo.
Los niños experimentan altibajos emocionales, pero ciertos comportamientos pueden ser una bandera roja. Por ejemplo:
Si estos síntomas interfieren con su vida diaria durante semanas, podría ser momento de consultar a un profesional en terapia infantil.
¿Tu hijo evita jugar con compañeros o muestra agresividad sin razón? La aislamiento social o los conflictos constantes pueden indicar problemas de ansiedad, autismo no diagnosticado o baja autoestima. Observa si:
Un signo claro de que tu hijo podría necesitar terapia es la regresión en hitos ya superados. Por ejemplo:
Estos retrocesos suelen ser una forma de expresar estrés ante cambios como un divorcio, mudanza o acoso escolar.
¿Bajaron sus notas sin explicación? La terapia infantil no solo aborda emociones: también ayuda a identificar dificultades de aprendizaje, TDAH o falta de concentración. Presta atención si:
No todas las etapas complicadas requieren terapia, pero si las señales persisten por más de 4-6 semanas, afectan su calidad de vida o seguridad (como autolesiones), es crucial actuar. La intervención temprana marca la diferencia. Un terapeuta infantil certificado puede evaluar si se trata de una fase pasajera o un trastorno que necesita tratamiento.
Recuerda: buscar ayuda no es un fracaso como padre, sino un acto de amor. Si reconoces estas señales en tu hijo, explora opciones de apoyo y recuerda que muchos desafíos emocionales mejoran con las herramientas adecuadas.